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La Liga F entra de forma fija en La Quiniela: visibilidad, dinero y debate

Mateo Gallagher (Editor)

06-05-2026 09:53 · @mateogalla

La capitana del Barça celebra un gol
La capitana del Barça celebra un gol · Mateo Gallagher

La Quiniela incorporará de forma permanente partidos de la Liga F a partir de la próxima temporada. El Gobierno ha aprobado el real decreto que abre la puerta a que la primera división femenina forme parte estable del boleto, una medida que se presenta como un impulso a la igualdad, la profesionalización y la visibilidad del fútbol femenino.

La presencia de partidos femeninos en La Quiniela no es completamente inédita. Ya habían aparecido en ocasiones anteriores. La diferencia ahora está en la continuidad: la Liga F deja de depender de apariciones puntuales y pasa a integrarse de manera regular en uno de los productos más reconocibles del fútbol español.

Pero el fondo de la noticia no está solo en qué partidos aparecerán cada jornada. Está, sobre todo, en el reparto económico que acompaña a la decisión.

La clave está en el dinero

Con el nuevo modelo, la Liga F pasará a participar en los ingresos asociados a La Quiniela. La competición femenina recibirá un 15% de la recaudación del Impuesto sobre Actividades del Juego vinculada a las apuestas de fútbol, lo que distintas estimaciones sitúan en torno a cinco o seis millones de euros anuales para los clubes.

La cifra no es menor. Si se compara con los cerca de 14 millones de euros que la Liga F reparte actualmente por derechos audiovisuales, la aportación de La Quiniela podría suponer aproximadamente entre un 35% y un 43% adicional sobre esa bolsa televisiva. Dicho de otra forma: no estamos ante un ingreso simbólico, sino ante una nueva fuente de financiación con capacidad real para alterar el presupuesto ordinario de muchos clubes.

El contraste con el fútbol masculino ayuda a entender la dimensión del cambio. Para Primera y Segunda, los ingresos procedentes de La Quiniela eran ya una partida menor frente al enorme peso de los derechos audiovisuales, que rondan los 1.400 millones de euros. Para la Liga F, en cambio, esos cinco o seis millones pueden ser una palanca proporcionalmente mucho más relevante: no cambian la industria por sí solos, pero sí pueden reforzar presupuestos, estructuras y planificación a medio plazo.

Para la Liga F, el mensaje es claro: no se trata solo de salir en el boleto, sino de entrar en el sistema. Formar parte de La Quiniela implica visibilidad, pero también reconocimiento institucional y acceso a recursos recurrentes.

Desde el Gobierno se defiende como una medida de igualdad. Desde la Liga F se celebra como un paso histórico para reforzar su sostenibilidad. Y desde la AFE se reivindica como el resultado de años de presión para que el fútbol femenino tuviera presencia permanente en el juego.

La pregunta, sin embargo, queda abierta: ¿debe el reparto económico responder al objetivo de acelerar la profesionalización del fútbol femenino o al peso actual de cada competición en audiencia, seguimiento y recaudación?

Visibilidad: ¿punto de partida o consecuencia?

Uno de los argumentos principales a favor de la medida es que La Quiniela puede ayudar a normalizar la presencia de la Liga F en la rutina del aficionado. Cada jornada, sus partidos aparecerán junto a los del fútbol masculino profesional, lo que puede aumentar familiaridad, conversación y seguimiento.

Pero la visibilidad no garantiza por sí sola afición real. La Liga F ha avanzado mucho en los últimos años, pero todavía tiene retos importantes: asistencia irregular en los estadios, audiencias en construcción y una competición muy condicionada por la superioridad de unos pocos clubes.

La Quiniela puede ser un escaparate. Puede ayudar a que más gente siga los resultados, compare equipos y empiece a reconocer nombres. Pero el crecimiento de fondo dependerá de algo más difícil: partidos atractivos, mayor equilibrio competitivo, continuidad televisiva y relato propio.

Una decisión deportiva con carga política

La medida tiene una lectura deportiva evidente. Si la Liga F es una competición profesional, su incorporación estable a un producto ligado históricamente al fútbol profesional tiene lógica institucional.

Pero también tiene una carga política innegable. El Gobierno la ha enmarcado dentro de la igualdad en el deporte, y eso provoca lecturas distintas. Para unos, es una corrección necesaria tras años de desigualdad. Para otros, es una intervención desde arriba en un producto que debería responder principalmente al interés del apostante.

Ahí está el debate real. No tanto en si deben aparecer partidos femeninos —algo que ya había sucedido—, sino en cómo se decide su presencia, qué porcentaje económico le corresponde a la Liga F y qué impacto tendrá sobre el conjunto del producto.

El quinielista entra en escena

La medida se jugará también en el terreno del usuario habitual. La Quiniela vive de costumbre, intuición, conocimiento de equipos y pequeñas liturgias de fin de semana. Incorporar de forma fija la Liga F obligará a muchos jugadores a familiarizarse con otra competición, otros clubes y otras dinámicas.

Eso puede ser una oportunidad. También puede generar resistencia.

El éxito no dependerá solo del decreto, sino de si el apostante incorpora esos partidos a su análisis con naturalidad. Si la Liga F consigue generar interés competitivo, la presencia en La Quiniela puede funcionar como una palanca. Si no, corre el riesgo de ser percibida como una obligación más que como un atractivo.

Una apuesta que debe demostrar resultados

La entrada estable de la Liga F en La Quiniela abre una etapa nueva para el fútbol femenino profesional. Aporta dinero, visibilidad y reconocimiento. También abre preguntas incómodas sobre mercado, igualdad, intervención institucional y sostenibilidad.

La medida ya está tomada. Ahora queda por ver si consigue algo más que redistribuir ingresos: si ayuda a crear afición, si refuerza la competición y si convierte la exposición semanal en seguimiento real.

Porque estar en La Quiniela es importante. Pero el reto de la Liga F sigue siendo el mismo: estar también en la conversación habitual del fútbol español.


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